Quizas

Supongo que hay algo interesante en escribir y que las letras se pierdan en este extraño fenómeno denominado red, que en alguna búsqueda entre los miles de unos y ceros que componen este ciberespacio quizas alguien me encuentre o tal vez no y estos solo sean pensamientos lanzados al aire con la cobarde rebeldía de un grito al vacío. No lo sé.

entrada

Anuncios

Aisthetikê

“La belleza tiene tantas significaciones como estados de ánimo tiene el hombre. La belleza es el símbolo de los símbolos. Lo revela todo porque no expresa nada. ~Oscar Wilde.

Todos somos perseguidores de la belleza, incluso se podría decir que es parte de la adaptación, desde las flores que se visten con sus mejores galas para seducir a los polonizadores o los pájaros que enseñan con vanidoso orgullo sus brillantes plumajes para atraer a potenciales parejas y asegurar la reproducción hasta nosotros mismos, los seres humanos ,se podría decir que más que un instinto representa un placer, un sentimiento caprichoso en arrebatar al tiempo un retazo de su juventud.

Y no hay nada de malo en ello, el problema es que, la belleza al ser un concepto tan abstracto, terminamos aferrandonos a una idea equivocada de esta.

Aunque para ser honestos ¿existe siquiera una idea correcta?

Muchísimos filósofos han tratado descifrarla a lo largo del tiempo, como si fuera remotamente posible, como si pudieran limitarla de aquella manera tan descarada. Los sofistas, Pitágoras y Gorgias consideraban la belleza como “lo que produce placer por medio del oído y la vista”, supongo que es acertado de cierta forma, todo aquello que despierte los sentidos debería ser considerado bello, ¿parece demasiado superficial?.

A veces me pregunto el porque la complaciencia de los sentidos representa un placer tan culposo para los seres humanos, hablar de ello es incómodo, vorgonzoso e impensable, ¿por qué?, “el alma es animosa pero la carne es débil” me dijo una vez un sacerdote, yo pienso que ambas están tan entrelazadas que juzgarlas como dos personalidades independientes resulta casi ridículo.

¿O acaso las cosas que inundan nuestra alma con los sentimientos más puros no llega a nosotros a través de los sentidos? Una canción cuya melodía parece mecernos dulcemente, una caricia que hace latir a nuestro corazón desembocado o una pintura cuyas pinceladas parecen comprendernos perfectamente, todo cura nuestras almas de una manera tan soberbia que resulta poético.

Aunque si preferimos inclinarnos por un lado más romántico de la belleza podemos escuchar un poco de la filosofia platónica.

De modo que si encuentra un alma convenientemente dispuesta, aunque su cuerpo no sea de gran hermosura, será el devoto constante de ella y dará nacimiento a pensamientos que enseñarán y fortificarán el carácter, a fin de que, precisado a contemplar la belleza en las acciones y en las leyes, conozca que toda belleza es congénere consigo misma, para que estime como muy poca cosa la belleza del cuerpo.

El banquete, Platón.

Imagino que este es el primer concepto de belleza interior que surgió entre los griegos, por supuesto siempre se supo que Platón era un rebelde, ¿sugerir que lo más importante era la belleza del alma? ¿dejar el despertar de los sentidos en segundo plano?, resultaba casi inimaginable para su época, los sofistas se hubieran avergonzado de ello. Para ellos la belleza eran números, medidas, perfección.

Supongo que Platón se hubiese alegrado de que su concepto de belleza se hiciese tan popular, basta dar un vistazo por las redes sociales para darse cuenta que ahora lo más importante es el corazón, que el físico es lo de menos y las almas que están destinadas encontraran un camino lejos de las superficialidades del mundo ¿cierto?

Lástima que la vida real este tan alejada de los consuelos de nuestros amigos virtuales que intentan subirnos el ánimo y quizás convencerse a sí mismos un poquito de que la materialidad no es tan cruel como la pintan.

Sin embargo a mi parecer existen tantos tipos de belleza que condenarla a ser solo del cuerpo como del alma es un acto de negligencia tan brusco que resulta tan desagradable como la razón bruta.

Creo que hay belleza en los cuerpos, en las curvas y las que no lo son, en los cabellos rizados como una noche de tormenta y los que parecen un día sin viento, en las sonrisas de lado y en las carcajadas. Hay belleza en las almas, en las voces musicales que susurran palabras de aliento, en la bondad, en el esfuerzo que pones para lograr tus objetivos, en la voluntad y en los sueños de algodón.

Pero la belleza más delicada es el amor, ¿no te sorprende? O quizás ya lo has eschuchado y te parece una frase tan trillada que te roba una risilla sardónica, no te culpo yo solía pensar lo mismo. Sin embargo seguiré manteniendo mi ingenua creencia, como una pequeña balsa que juega a la muerte con una tempestad.

Algo curioso sobre el estudio de la belleza, es decir la estética es su etimología, proviene del griego αισθητικος o en latín aisthetikê, es decir percepción o sensación.

¿Y qué es lo que nos hace sentir como si nos deshojaramos en penas y alegrías que desbordan en cada poro de nuestra piel?

El amor es la forma más elevada de arte, de belleza, porque es capaz de hacernos sentir, nos recuerda que somos humanos.

Paradojas

¿Alguna vez se han sentido demasiado conscientes de sí mismos? ¿Cómo si el surrealista reconocimiento de tu persona abordara repentinamente cada poro de tu piel? Ver como tu pecho se eleva con cada respiración de manera inconsciente, sentir la sangre recorriendo tus venas con un ruido sordo y el corazón latiendo al compás de una vieja canción de cuna.
Poder acariciar recuerdos con la yema de los dedos como si se tratara de unas suaves mariposas y sentir la caricia de alguna lágrima resbalando por tu mejilla.
Es algo realmente desagradable.
Imagino que Oscar Wilde lo describiría como: “La rabia del Calibán al ver su rostro en el espejo” y no lo culpo, créanme cuándo digo que mi peor miedo es llegar a conocerme en mi totalidad. A las personas siempre les ha gustado decir que se conocen entre ellas, como si eso llegara a ser remotamente cierto, es una frase que dejan caer casualmente, casi sin intención, “Te conozco” “Tú no harías eso” y cosas por el estilo. Es una especie de límite que intentan imponer, lo cómodo de la predicibilidad supongo, no puedo imaginar otro motivo.
Otra cosa que me incómoda bastante es la necesidad que tienen algunos humanos de decir que: “Son diferentes” o “No son como los demás”. Diferente es un adjetivo que se define como: Que no es igual, no se parece o tiene otras características o cualidades. ¿Qué no es igual a qué exactamente?, tal vez se pueda ahondar un poco. Diferente viene del latín “differens, diferentis” formado por el prefijo “di”( divergencia, separación múltiple) y el verbo “ferre” (llevar).

Allí es donde quería llegar.
Divergente, Divergencia es sinónimo de discrepancia, disconformidad, diferencia, desacuerdo, por lo tanto, en sentido figurado es ostentar diferentes puntos de vista.
Las personas, al decir que son diferentes, están mostrando su disconformidad hacia los que ellos consideran “los demás”. Entonces “los demás” llegan a convertirse en lo que no quieren ser, el ideal de su perdición, la razón de su necesidad de discordancia. A pesar de todo aún queda un punto importante; ¿quiénes son “los demás”? Las personas ajenas a uno mismo, imagino. Pero ¿pueden imaginarse la cantidad de personas que piensan eso?, puedo asegurarles que les bastaría darse una vuelta por las redes sociales para hacerse una idea.
Eso significa que nosotros somos “los demás” de alguna persona, somos lo que alguien no desea ser.
Por otro lado existen personas que quieren ser como “los demás” para encajar en este confuso universo en el que existimos.
Asi que, por más paradójico que suene, cada uno de nosotros somos lo que alguien aspira y teme llegar a ser.

V-I-O-L-E-N-C-I-A

Gritos

Golpes

Arañazos

Cólera

Violencia en su estado más puro, pero primeramente ¿qué es la violencia?

La respuesta es simple, es el uso de la fuerza para conseguir un fin, especialmente para dominar a alguien o imponer algo.

Es todo lo opuesto a la inteligencia, a aquello que nos hace “la especie racional”

Y en eso no puedo evitar estar de acuerdo con Wilde.
Me pregunto quién definió al hombre como animal racional. Fue la definición más prematura que se ha dado nunca.

Porque es cierto, el mundo en sí es el resultado violento de cuerpos al chocar, el caos forma parte de cada fibra de nuestro ser, sin embargo…

El desastre en nuestro interior no debería incitarnos a dañar a otros, que estemos lastimados no nos da derecho a lastimar.

Aún así se distinguen dos tipos de violencia: la psicológica y la física.

Hay quien dice que las palabras duelen más que los golpes, sin embargo supongo que depende de la percepción de cada persona.

En una opinión personal, me siento más dolida, más asqueada por la violencia física ¿por qué?

Por el simple hecho de que no puedes contrarrestar golpes con palabras y sin embargo no resulta demasiado complicado imaginar una situación adversa ¿o sí? Y os puedo jurar que nunca me he sentido más humillada que cuando me han callado la boca con una bofetada porque ¿qué argumento puedes dar a ello? La gente lo aplaude por supuesto, a nadie le divierten los debates civilizados, dos muchachos batiendose a golpes en el patio de la escuela o un par de jovencitas tirándose de las mechas porque alguna fue demasiado amistosa con el novio de la otra representan un espectáculo mucho más grato para los ciudadanos del mundo.

Porque no hay voz que no pueda ser silenciada por la violencia, somos animales y la ley de la selva reza que solo sobrevivira el más fuerte, y no todos lo somos.

Pero hay algo que la violencia no puede tocar, algo que prevalece al cuerpo, los ideales, las ideas, lo que nos esforzamos por transmitir, lo que ilumina a aquellos que nos rodean.

Un ejemplo de ello es Martin Luther King, un hombre que luchó por los derechos de las personas de color, luchó por aquello que creía, porque él merecía la pena ¿o no? Eso no importa, era una idea tan arraigada en su alma que brillaba con la intensidad de mil soles, dignificó a aquellos rechazados por la sociedad, con sus palabras llenó de esperanza sus espíritus. Y fué asesinado. Murió preso de la violencia, sus ideas lo ahogaron como su sangre hasta que ya no pudo respirar.

Aún brilla, su movimiento siguió hasta décadas más tarde, porque aquella luz que llevó a la tumba descansaba en los corazones luchadores de aquellos a quienes llenó de esperanza, el cuerpo muere, se pudre, puede ser dañado, pero las ideas son inmortales.

La violencia psicológica es mucho más cruel en esencia, ya que se encarga de apagar la luz.

Aquella luz que nos llenas de vida, la que hace brillar nuestras almas como estrellas, para que incluso después de muertas el cielo sueñe retazos de lo que fuimos, la obliga a morir, la ahoga hasta que el brillo sea tan tenue que en la oscuridad se confunde con una sombra más, que la vida se olvide que estuvo en nosotros.

¿Cuántos se han suicidado por eso? ¿Cuántos se han sentido obligados a apagar sus propias almas para escapar de aquel tormento?

La respuesta sería solo un número, una cifra que no significa nada.

Pero hay algo detrás de ello, dolor, sufrimiento, personas que llegaron a su límite por culpa de la violencia.

V-I-O-L-E-N-C-I-A

3 sílabas.

9 letras.

Millones de muertes.

Va desde golpes hasta aquello que te impulsa a tomar esas pastillas que cerrarán tus ojos para siempre.

Y aquellos que la ejercen solo son una cosa.

Cobardes.